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Disco: Once we were (The Casters)

Disco: Once we were (The Casters)
6.5

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The Casters - Once We Were

El debut de The Casters había causado cierto revuelo en las redes sociales y los dos adelantos (“Once we were” y “Rhythm of Desire”) sumaban 150.000 escuchas. Once we were (Subterfuge Records, 2012) es su primera referencia discográfica, tras la publicación de un EP con cuatro canciones bajo su anterior nombre, Fuzzy White Casters. Puede que las comparaciones sean odiosas, pero hay veces que salen solas. Este disco confirma que el parecido con The Klaxons es innegable, algo que ya pudimos apreciar en directo en algún festival el verano pasado. Además, este trabajo está producido por  Carlos Jean y masterizado por Mike Marsh, responsable del sonido final de los propios Klaxons, Kasabian, Chemical Brothers o Scissor Sisters.

Entrando en materia, los nuevos abanderados del new rave nacional se han sacado de la manga un disco con pocas sorpresas. Pese a ello, la combinación entre electro, indie rock e incluso dance engancha. Once we were son 12 cortes enérgicos y con pegada. Así, la canción que lo abre es toda una declaración de intenciones. En “Out of time” hay ruido, distorsión, una poderosa batería y un estribillo claramente reconocible. Esta misma fórmula con la que buscar el hit se repite a lo largo de todo el álbum. Buena prueba de ello es el single que le da título al disco y que fue el primer adelanto que conocimos. Los valencianos han hecho una buena elección, ya que quizás sea la canción más inmediata gracias a su electrizante melodía y al característico murmullo. La misma línea sigue “Neon prisma”.

Los agudos en las voces son otra de las claves del esperado debut de The Casters. Esto se aprecia en el cuarto corte del disco, “Electrostar”, que tampoco rompe con las pautas. A continuación llega “George”, tema que ya habíamos conocido cuando todavía tocaban bajo su anterior nombre. Los cambios son casi nulos hasta prácticamente el final, donde suenan menos contundentes y más contenidos. Aún así, el salto en la producción les hace sonar más limpios. Hay presencia de teclados. La misma filosofía siguen en “Leave it to me”, con un estribillo de lo más adictivo.

Pasando el ecuador del disco, “Dance all night” nos invita precisamente a eso: a bailar toda la noche. Y lo hace a través de una voz que en alguna de las escuchas se nos ha antojado chimobayesca. La que es la pista más corta del álbum da un pequeño respiro a mitad para después repetir la fórmula del principio -y de prácticamente todo el trabajo-. La inquietante “Smartz” es la transición hacia “Surround”, la más pausada de las 12. La batería baja el ritmo y las guitarras se tranquilizan para acompañar a una voz que suena más desnuda. Pero la tregua ruidística tan solo dura poco más de cuatro minutos y “Rhythm of desyre” nos devuelve a la realidad. Esta pista ya había sido adelantada por la banda y aunque es diferente al otro adelanto (“Once we were”) no rompe con la tónica del disco.

Las dos canciones que cierran este Once we were son “Mistery Mr.”, que no aporta nada nuevo, y “The minute of creation”. Esta última pista amaga con algún rasgo épico, pero se queda en un bastante buen cierre. Y es que al final del disco se llega un tanto agotado, más que por su duración por ser un tanto monocorde y no contener demasiadas sorpresas. A veces es difícil concretar si la falta de canciones que sobresalgan dentro del conjunto es algo positivo o negativo.

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