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Disco: Una montaña es una montaña (Los Punsetes)

Disco: Una montaña es una montaña (Los Punsetes)
6.5

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Los Punsetes - Una montaña es una montaña

Los Punsetes han crecido con su Una montaña es una montaña (Popstock-Everlasting, 2012). Pero quizás ese crecimiento no sea suficiente para tomarlos completamente en serio, aunque no sé si realmente es lo que pretenden. Este tercer trabajo es menos punk que los anteriores, aunque los madrileños no pierden su espíritu rebelde y a veces contestatario. En esta progresión tiene bastante que ver el trabajo en la producción, a cargo de Pablo Díaz-Reixa (El Guincho). Y es que su sonido e instrumentalización es mucho más profesional que en su disco homónimo (2008) y LP2 (2010), que no dejaban de tener cierta esencia maquetera.

Pero hay vicios anteriores que se mantienen: los continuos altibajos a lo largo de los 12 cortes y la voz de Ariadna, seña de identidad de la banda que divide al público entre seguidores o haters. Aunque esta vez se les ha dado más protagonismo a las guitarras, relegando muchas veces a la vocalista al segundo plano o por lo menos compartiendo el primero. Ahora, las letras críticas con la sociedad (“Los tecnócratas”, “Flora y fauna”) contrastan con el característico desenfado y humor punsetiano de canciones como “Mis amigos”. Eso sí, tampoco pierden ironía y mordacidad, como en “Tráfico de órganos de iglesia” o “Un corte limpio”.

El ya de sobras conocido single, “Alférez provisional”, confirma que han hecho una buena elección pues es uno de los hits del disco y de su carrera. El inicio es fresco, más en la línea de los dos trabajos anteriores que lo que vendrá a continuación. “Tráfico de órganos de iglesia” es otro de los grandes temas del disco, gracias a unas guitarras que cobran protagonismo y a la base rítmica y melódica que le dan consistencia al corte. Le sigue “Un corte limpio”, en el que voz e instrumentos se contienen hasta el segundo minuto y medio, cuando la canción explota en un estribillo tardío que acaba cuajando por repetición.

“155″ es uno de esos cortes que no tienen ni mucho de especial ni tampoco lo contrario. Siguiente. En cambio, “Mis amigos” emerge con fuerza y es una de las destacadas. Entre una letra sonrojante y que tiene algo de himno (el día en que su jefe los echó del trabajo / no debieron ir a la oficina borrachos / no debieron vomitar en el despacho) se abren paso teclados y sintetizadores. También “Los tecnócratas” es uno de los picos del trabajo con una interesante presencia del bajo.

A partir de aquí una tranquila travesía por la montaña. La primera parada es en “Los glaciares”, que al contrario de lo que Los Punsetes nos tenían acostumbrados sobrepasa los cuatro minutos gracias a su final instrumental. En contraste, “Untitled” dura poco más de dos minutos. Rápida y directa, es una especie de declaración de intenciones amorosas. “Malas tierras” y “Paraíso” no suponen ninguna sorpresa dentro del tracklist. Tampoco la penúltima del disco, “Flora y fauna”, de corte pesimista que encaja bien entre la más presente que nunca oscuridad que muestra el grupo. Como cierre, “John Cage” es pura energía, con esa carga de batería y distorsiones.

En definitiva, la banda madrileña ha sacrificado frescura, espontaneidad y capacidad de sorpresa en favor de la técnica y la seriedad, que a veces recuerda a Klaus & Kinski y que tiene un romántico dejo planetario. Faltará ver si este giro es definitivo, si es por voluntad propia y si forma parte del proceso de maduración del grupo y de sus miembros o tan solo responde a una estrategia más.

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