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Disco: Tinieblas, por fin (The New Raemon)

Disco: Tinieblas, por fin (The New Raemon)
7.5

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The New Raemon - Tinieblas, por fin

Cuando uno llega al estatus que tiene The New Raemon puede hacer lo que quiera. Y eso es lo que ha hecho una vez más Ramón Rodríguez en su cuarto disco: Tinieblas, por fin (Marxophone, 2012). Tuvo ofertas de varias compañías grandes, pero preferió trabajar a su ritmo, sin presiones y sin exigencias. Que no lleve a error eso de “sin exigencias”, porque la música del catalán responde a su propia exigencia, entendida como necesidad. Necesidad de escribir lo que sale de su cabeza, rápido, sin concederse la oportunidad de pensarlo en frío. Pero en este nuevo trabajo no lo hace como lo hacía hace cuatro años en A propósito de Garfunkel. En este tiempo sus composiciones han ido haciéndose más oscuras y más maduras, como ya vimos en Libre Asociación (2011), del que este Tinieblas, por fin podría considerarse una especie de continuación.

Digo continuación porque musicalmente no se aprecia un gran salto (ni falta que hace), pero en sus letras sí que va un paso más allá. La pluma de The New Raemon siempre fue sincera, pero con la experiencia se ha vuelto más compleja. La indignación por la situación social actual, el desencanto y a veces también la rabia están presentes en buena parte de los cortes de este álbum, en el que también se pregunta qué es lo que nos espera. Por estas cosas este es el disco más difícil de su carrera, una de las más serias y coherentes del panorama patrio. Las primeras escuchas no son sencillas y cuestan, pero a partir de ahí sus nueve canciones no hacen más que crecer, aunque lo hacen desde dentro del que las escucha.

Este Tinieblas, por fin empieza con una de sus canciones más brillantes: “Risas enlatadas”, en la que los metales tienen un peso específico. Un peso todavía mayor en el corte que emerge a continuación y que es el que da título al largo. Frases como “otra patraña con la que vivir, próspera miseria vamos a compartir” dejan bien a las claras por qué terrenos se mueve. Sin romper la tónica, “Galatea” toma referencias mitológicas y una instrumentalización muy cuidada en otra de las canciones más destacadas del disco.

“Con tanta maldad, ¿a dónde iremos a parar?” se pregunta en la guitarrera “La ofensa”. En el ecuador del disco ya confirmamos que Ramón Rodríguez es coherencia, aún en un disco que toma elementos del cantautor más clásico, de la canción protesta, del folk más country, del rock y de las atmósferas instrumentales con cuerdas y viento (“Casa abandonada”). Pero en este trabajo comprometido socialmente también hay espacio para hablar de amor, como es el caso de “Centinela”.

“Marathon man” conjuga potencia con unos coros que predecimos serán uno de los clímax de la gira de Tinieblas, por fin. Y es que aunque en este nuevo The New Raemon no haya hits evidentes, los grandes temas son casi una constante. En “Grupo de danza epiléptica” encontramos otro ejemplo de la mirada crítica de Ramón Rodríguez, que no ha olvidado su punto ácido y en la que entre la oscuridad brilla un destello de esperanza. Para cerrar, una canción de siete minutos de atmósferas lentas e inquietantes. En definitiva, una gran metáfora sobre el paso del tiempo.

Es difícil pronosticar cuáles serán los siguientes pasos de Ramón Rodríguez, que en los últimos tiempos no solo se ha dedicado a la música, sino que también ha hecho sus incursiones en el mundo del cómic y ha experimentado junto a Francisco Nixon y Ricardo Vicente en El problema de los tres cuerpos (Cydonia-Playas de Normandia, 2011). Lo que está claro es que muy lejos ha quedado el primer The New Raemon que conocimos y que Tinieblas, por fin es un paso más allá en su carrera. Para nada aventurado es decir que estamos ante su mejor disco hasta la fecha.

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