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Disco: In Love (Peace)

Disco: In Love (Peace)
7

Bueno

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Peace - In Love

Suponemos que cuando el productor Jim Abbiss sacó del horno una obra como Whatever People Say, That’s What I’m Not -aquél primer larga duración con el que los Arctic Monkeys revolucionaron las Islas Británicas-, se quedó con la sensación de que había hecho su trabajo rematadamente bien. Paseando por algún lugar de Reino Unido, pensaría por un momento en dónde llegarían aquellos adolescentes que habían salido de la nada -bueno, de Myspace-. La historia posterior del grupo de Alex Turner es de sobra conocida.

Hace unos cuantos días, Abbiss pudo haber sufrido un déjà vú. Solo lo sabe él, pero ocho años después, lo cierto es que ha sido la comadrona del nacimiento de una banda que, por momentos, engancha desde la primera escucha.

Peace tiene mística de buen grupo. Ya lo avisaban con un interesante EP de cuatro canciones el pasado septiembre y lo han confirmado con su ópera prima, bautizada In Love. Son 14 canciones -demasiadas- que, en conjunto, sacuden y destapan las vergüenzas del panorama pop actual -al menos, de parte de él-. Tras cuatro miradas inocentes se esconde un viaje hacia atrás en el tiempo que lleva a Peace a repasar y remezclar de manera sorprendentemente acertada varios estilos y todas las fuentes de las que beben, que no son pocas: pasan por el Manchester de los 80, llegan hasta Foals y miran de reojo a The Horrors.

Peace son los hermanos Harry Koisser y Samuel Koisser, Douglas Castle y Dominic Boyce. Son cuatro y de Birmingham. Hasta ahí todo normal. Un grupo british más. Pero aquí aparece el primer punto de rotura con la insulsa normalidad. Cuando una banda de indie rock se atreve en su primer EP con una versión de un tema trance de los ‘90, pura y duramente discotequero, y lo convierte en una bestialidad de rock progresivo, señoras y señores, no estamos ante un grupo cualquiera. Ese b-side, titulado “1998” y originalmente del duo dance Binary Finary, eran 10 minutos de fresco -y a la vez añejo- rock, de tensión, de crescendo continuo y de giros inesperados en la melodía. Coger cuatro maderas y devolver un mueble tallado con mil relieves de diferente inspiración.

Pasaron los meses y entusiasmaron a las revistas musicales inglesas. La BBC les nominó para el último “Sound of 2013” junto con Chvrches, Palma Violets o Haim, que al final resultaron vencedoras. Peace son carne de festivales en los próximos años y ellos decidirán qué camino quieren seguir musicalmente hablando. Pero de momento tenemos ante nosotros In Love, prometedora primera toma de contacto con la larga duración.

El disco suena a casi todo lo que puede sonar una banda de sus características. Esa es su principal virtud pero, según el prisma desde el que se mire, también su gran defecto. Peace saben componer tan bien sobre sonidos que han oído que parecen olvidarse de buscar una identidad propia. En In Love hay bastantes buenas canciones. Sí, realmente están bien compuestas, con sentido y cabeza. Pero se echa de menos un tema realmente significativo, identificativo y sobresaliente. Un hit por el que sea recordado este disco, que más probable será recordado por el conjunto que por “individualidades”.

No obstante y repetimos, las canciones merecedoras de notable -de ese siete que luce arriba- son muchas. Por variedad no será. “Follow Baby” empieza con un riff de dos acordes que recuerdan a The Horrors pero se desarrolla entre shoegaze, descaro y una gran línea de bajo. Ese es el segundo corte del álbum, para entonces ya te has asombrado con “Higher Than The Sun”, una de las canciones más destacadas del álbum. Las distorsiones intermitentes en las guitarras también te llevan, ligeramente, a The Horrors y Toy. “Higher Than The Sun” es la demostración perfecta de cómo abrir un disco. Peace consiguen una carta de presentación potente, con espíritu adolescente y potencia rock. Un solo con aires setenteros, optimista y vintage, cierra una canción que deja en fuera de juego al oyente, que no espera esa obertura.

A la tercera llega el que debiera haber sido el primer single de Peace. Y es que ahí reside otro de los errores del cuarteto de Birmingham: la elección de single. “Wraith”, tema que han escogido como primer sencillo, no entra a la primera. Ni a la segunda -y así sucesivamente-. “Lovesick” sí, y era mejor elección para un comienzo efectivo. “Lovesick” es baile, es pop. Sencillo pero endiabladamente efectivo. Un corte que recuerda ligeramente a Pulp y The Cure por lo bailable, en la manera que invita a moverse a lo largo de sus cortos dos minutos y medio.

No decaen las expectativas con “Float Forever”, en la que el grupo demuestra que también puede virar hacia mares más tranquilos con solvencia. Acordes atrevidos y sonidos diferentes en sus guitarras para componer una canción con tintes de balada.

Peace se dan demasiado respiro en la frondosidad de su álbum. A la quinta llega el bajón. Los chicos se dejaron llevar por el “cuanto más azucar, más dulce” y no les ha salido del todo bien. “Wraith”, “Drain” y “Step A Little Closer” son planas, no están al mismo nivel que lo que busca el resto del LP y contienen fórmulas repetitivas, con momentos en los que, sin saber qué aportar, recurren a lo mismo que sonaba veinte segundos atrás. En “Wraith” se puede indultar el amago de solo de teclado, ahogado por el tema principal muy pronto como para disfrutarlo bien. En “Step A Little Closer”, a una psicodelia que peca de teledirigida.

“Waste of Paint” es un oasis en esa casi desértica parte central. Las ideas vuelven y Peace se trasladan esta vez -sin DeLorean- a la segunda mitad de los ochenta en una canción rabiosamente Madchester. La composición tiene la sinvergonzonería melódica de los Happy Mondays y la suficiencia armónica y rítmica de The Stone Roses. Otra mezcolanza poco común pero muy interesante, más que nada por ver cómo la desarrollan en su futuro.

Se siente un grupo feliz, con ganas de comerse el mundo. Y el final del disco lo demuestra, con una explosión final en la que se dan cita las mejores obras de In Love. “Toxic” -la mejor canción, la más “suya”, la que más gana con la escucha, Peace deben escoger ese camino-, “Sugarstone” -con acordes que beben del segundo disco de Radiohead-, “California Daze” y “Bloodshake” -ambas ya en su fantástico EP de 2012- rayan a un estrato que, realmente, actúa como el final de un capítulo que, por intrigante, te deja con ganas de saber qué pasa después. La historia de Peace no ha hecho más que comenzar y de ellos depende estar, en cosa de tres o cuatro años, en la cresta de la ola. El debut de los de Worcester es prometedor y su productor, Jim Abbiss, lo sabe. Hay que andarse con ojo, este In Love invita a empezar a enamorarse de Peace.

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