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Crónica: NOS Primavera Sound 2014 | Sábado

Crónica: NOS Primavera Sound 2014 | Sábado
Texto: Pablo Ramón.-

Slint, Ty Segall y Cloud Nothings lideran la rebelión anti-pop en el Nos Primavera Sound

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Slint, Ty Segall y Cloud Nothings lideran la rebelión anti-pop en la tercera jornada del Nos Primavera Sound

El sábado comenzó en Oporto y nosotros pensábamos que íbamos a acabar viendo todo aquello que no queríamos ver. Creíamos que la masa, por inercia, nos arrastraría a The National, St.Vincent y todo aquello que, se suponía, iba a ser lo más grande del festival y que puede ser que lo fuera. Pero, sintiéndolo mucho, este no es el sitio donde vais a encontrar información sobre ello. Creedlo o no, pero con Slint sentando cátedra y dos horas y pico de sudor consecutivo entre Ty Segall y Cloud Nothings el sábado de NOS Primavera Sound se convirtió, de largo, en la mejor noche del festival sin tener particularmente los mejores conciertos. Fue el todo, la atmósfera creada a partir de la medianoche dio lugar a instantes que pasarán a nuestra historia. Repetimos, no os lo creáis si sois hiperfans de The National, porque seguro que vuestro festival hubiera sido diferente. Nosotros pasamos olímpicamente.

El último día de festival nos sirvió, antes de empezar, para hacer un poco el guiri por Oporto. Pasear por la ribera del Duero, tomar una copa de vino, un chupito de ginja en vaso de chocolate, hacerse la foto con el puente de Eiffel de fondo… Ahí sí que fuimos mainstream. El sábado lució un sol espléndido para agradecer la paciencia de los festivaleros. Se hizo tarde muy rápido y pusimos rumbo al festival.

 

You Can’t Win, Charlie Brown

Mención de honor, con todo el merecimiento del mundo, a esta cuadrilla de portugueses por la que no hubiéramos dado ni un duro unos días antes. De toda la música que descubrimos en el festival, junto a John Wizards, estos lusos se llevan la palma.

La culpa no fue del cha cha cha. La culpa fue del autobús de la muerte, que tardó un cuarto de hora más de lo habitual en llegar al recinto e hizo que solo pudiésemos llegar a los tres últimos temas. Si el resto del bolo fue así, nos rendimos a You Can’t Win, Charlie Brown, que actuaron ante una numerosa parroquia portuguesa que disfrutó de lo lindo en la colina del principal. Concierto perfecto para ver tumbado en la esterilla/mantel/bolso que daban los de NOS y con la primera Super Bock de la tarde.

Muy guay, en directo, esa perla suya que es Over The Sun/Under The Water. Una bomba su base electrónica envolvente en mitad de los coros chill de la banda y una batería contagiosa. Escalofríos de sonido para empezar la tarde y con el sol aún muy arriba, se agradecen. Cerraron con una ovación de los suyos, que seguro que debieron pensar que vaya concierto se perdieron todos los españolitos e inglesitos que aún estaban rondando por Oporto pensando que quién cojones eran You Can’t Win, Charlie Brown.

 

Lee Ranaldo and The Dust

Suspenso absoluto, qué sopor de concierto. El mítico de Sonic Youth, por muy mítico que sea, apareció sin ganas de tocar y sin nada que ofrecer que no den ya mil bandas diferentes e idénticas. A destacar su pelazo -ojalá llegar a su edad así- y una guitarra muy guapa rollo customized. Nos lo creeríamos si dijera que fue su primera guitarra cuando empezó a tocar de chaval.

Lo vimos en la colina, tumbados y pensando en qué hacer después, e igual aquello influyó en que no nos sintiéramos nunca cómodos en un concierto que nos pareció previsible y monótono. No es que sonara mal, sonó bien, es que no lo disfrutamos.

 

Neutral Milk Hotel

De ahí a uno de nuestros must del festival. Nos dolió el solape con Yamantaka//Sonic Titan, grupo al que nos quedamos con muchas ganas de descubrir -otra vez será-. Pero la cita era, como ya decimos, irrenunciable. Salimos contentos, de eso no cabe duda, aunque el concierto se quedó en notable. Hubiera sido sobresaliente si el principio no hubiera parecido más una prueba de sonido que un concierto serio. Bastante a contrapié empezó todo aquello.

Neutral Milk Hotel debían aparecer en el NOS a eso de las ocho de la tarde. Pero primero surgió Jeff Magnum que, sin mediar palabra alguna, arrancó con los acordes de Two Headed Boy. Pensamos que si eso era ya el concierto, porque aparte de la poca gente y la sobria puesta en escena -ni un mísero póster-, no hubo vídeo por las pantallas gigantes. Con esas, nos fuimos acercando dubitativos y viendo que aquello salía adelante. Pues será el concierto.

Directamente de una cabaña de Minnesota

Pero más dudas aún tuvimos cuando salió el resto de la banda y el trompetista sopló emitiendo sonidos por su instrumento de una manera muy similar a la que lo hace Paco, el trombonista de la banda de mi pueblo, después de haberse bebido cuatro whiskys con cola antes de tocar.

Menos mal que entraron en calor y el show mejoró para convertirse en lo que esperábamos: una digresión hacia las raíces yanquis más puras. Y es que Magnum, con esa voz nasal que le hace tan guay, y los suyos interpretan el folk de la única manera que se puede hacer correctamente: siendo americanos de cepa. Neutral Milk Hotel salieron directamente de una cabaña de Minnesota y aparecieron en Oporto con unas pintas que dejarían a cualquier intento de hipster a la altura de asistente estándar del Arenal Sound.

Entendimos por fin que no hacía falta juegos de luces, ni chorradas del rollo tocar afinando. Que no era la Filarmónica de Viena, leches, que eran los putos Neutral Milk Hotel divirtiéndose, riéndose incluso, y divirtiéndonos. Tarde, pero caímos y cedimos. Y nos metimos muy dentro de un concierto que devenía bonito, dulce y con el contrapunto de las acústicas electrificadas que daban ganas de saltar cuando más falta hacía. El tipo de la trompeta, con una barba blanca a medio camino entre curtido leñador y George R.R Martin, acabó pareciéndonos un crack. Pero que llevaba sus whiskys, eso lo saben hasta en Wisconsin.

Después de empezar con la ya mencionada Two Headed Boy, soltaron muchos de sus éxitos pronto, -nuestra favorita Holland 1945 entre ellas- pero no bajaron la intensidad en ningún momento. Y el nivel lo aumentaron. Hacia la mitad destacó el momento mecheril de In The Aeroplane Over The Sea y el apoteosis llegó con The King of Carrots Flowers Parts Two and Three. Cuando sonó ese “I love you Jesus Christ…”, empezó una genialidad más del festival. Volvió Magnum a la versión solitaria para cerrar con la intimísima segunda parte de Two Headed Boy. Final circular para un concierto que refrendó la apuesta que el Primavera hizo hace un año.

 

John Grant

No queríamos pero fue la única concesión que hicimos al programa básico. Más que nada porque el redactor de esta crónica venía esquivándolos en dos festivales consecutivos. Por resaca acuciante en la tarde del último Dcode y por aforo completo en la sala de cine donde actuaba dentro del Vodafone Mexefest de Lisboa. El segundo, según nos contaron y siendo en un entorno tan particular, fue muy bueno.

Conectó con los suyos y los que no eran suyos.

Volvía a Portugal John Grant y lo hacía sabiendo que su propuesta encanta a la gente. Artista de una sensibilidad brutal, conectó con los suyos y con los que no eran suyos. Gracia para moverse y para tocar el teclado cuando se le requería. Aunque, después de tanta expectativa creada, esperábamos mucho más y no pasó del bien. Un repertorio acertado, no obstante, que redondeó al final en medio del éxtasis de su clásico y precioso Queen of Denmark. Con todo, nos quedó la sensación de que hubiera molado volverlo a evitar y cambiarlo por Mas Ysa o incluso por Standstill.

 

Dum Dum Girls

Sudábamos de The National con todas las consecuencias que eso podía traer por parte de nuestros colegas, que ya desde horas antes lo calificaban de “El Concierto”. Sí sí, hablaban con la C mayúscula y todo. Pero es que los aborrecemos y mirad que lo hemos intentado.

Ameno y divertido.

En su lugar optamos por una decisión algo extraña, bastante random. Pero teníamos curiosidad por ver a las Dum Dum Girls y nos fuimos a la carpa Pitchfork. Nos apetecía hacer el groupie un poco y sentirnos como nuestras amigas cuando ven a Alex Turner.

Aquello fue sensualidad efectiva. Eran cinco componentes en el grupo, cuatro ellas y uno él. A él ni lo miramos. Creemos que era guitarrista de apoyo pero ya os decimos que no lo recordamos porque para nosotros como si estaba tocando Cañita Brava. Lo que importaba era que nos empezó gustando la guitarrista pero pronto nos dimos cuenta de que era la petarda. La bajista, demasiado modosita aunque seguro que menos víbora que las demás. Pero nosotros nos quedamos con la japonesa, cómo le daba a la batería. Aunque lo fácil hubiera sido lanzarse a degüello a por la cantante y sus transparencias +18. Contoneos, ojos cerrados y labios mordidos a cada poco. Guitarra arriba guitarra abajo, como frotándose. Nos recordó, con otra filosofía y un enfoque de la jugada brutalmente distinto, a aquella escena de Robin Wright en Forrest Gump. Pero quizá lo que hacían estas chicas entonaría mejor en cualquier película de Tarantino.

Hacía falta algo de pop sencillo para aguantar todo lo que iba a venir después. Algo sin ataduras ni complicaciones. Y para nosotros fue ese concierto. Riffs de guitarra de aire ochentero y poca luz. Sus canciones tienen, casi todas, ese aire a single que te hace quedarte a una más. Too True To Be Good, Coming Down, Cult Of Love… Y así podríamos seguir hasta completar sus discos, pero sin duda nos quedamos con que ya era hora en la historia del pop de que un grupo hiciera una canción que se llamara Rimbaud Eyes. Sin tener nada especial -a parte de estar bien ricas las cuatro-, se nos hizo ameno y divertido. Aprobado alto.

 

Charles Bradley

Un poco antes del final nos piramos de las chicas dum dum -la cantante no nos correspondió las miradas- y afortunadamente nos dio tiempo a colarnos al tercio final de Charles Bradley. Otra manera, totalmente diferente a la de las Dum Dum Girls, de entender la sensualidad. Ícono del soul, hizo delicias el rato que estuvimos. Media de edad avanzada de asistentes, todos disfrutaron de la calidad de una voz única -¿cómo puede el hombre tener la voz real tan carajillera y cantar así de bien?- y una banda de lujo. Respeto y rodilla hincada al césped por todos ellos.

Dio gracias por poder estar allí y a la gente por permitirle estar allí. El circuito revival que el Primavera llevó hasta Oporto, contando con Charles Bradley, no podía coronarse con mejor representación. How Long, más sexual que sensual, Why Is It So Hard para acabar, música para recrearse, volver a cerrar los ojos una vez más y acariciar el éxtasis. Acierto el ir hacia allí en vez de a la última media hora de adormecimiento de The National. Nuestra ruta estaba camino de consagrarse.

 

Slint

A Annie Clarke le dimos diez minutos para convencernos y se quedó lejos de hacerlo. La propuesta efectista de St.Vincent hastía, además de quedar pobre si se intenta suplantar la sección de metales con un sinte. Pretender reinventar el baile del robot es tan loable como ajeno a nosotros. Estuvimos cuatro canciones. La banda de apoyo a Annie raya muy por debajo de ella, protagonista por méritos propios: es la única buena del conjunto. Pero ni aun así. Soltó Digital Witness a la segunda y Cruel a la cuarta e hicimos la mayor espantada del festival.

Cuando nos piramos de camino hacia Slint aún no sabíamos que estábamos ante una de las decisiones que marcaron nuestro NOS Primavera. El escenario ATP estaba subiendo la colina, pero en realidad estábamos descendiendo a los bajos fondos de la cultura estadounidense. A veces mola ser animales de cloaca. Ahí, en las cloacas, cierta música se respira mejor. Si en Neutral Milk Hotel podíamos viajar a la barbacoa familiar del lago Michigan, con Slint nos metimos en la sala que debe haber bajando las escaleras del antro con más pintadas en la pared de todo Pittsburgh.

Aquel concierto era diferente a cualquier otro.

Desde la primera nota sabíamos que aquel concierto era diferente a cualquier otro. Había que degustar la densidad metálica de las guitarras del maestro David Pajo y la declamación vocal, violenta como ha de ser, de Brian McMahan. Formación en semicírculo. Con Pajo a una punta y McMahan a la otra, siempre en perpendicular al público.

Pedido el obligatorio medio litro de cerveza que hay que estar bebiendo para disfrutar de ese tipo de conciertos, vimos como iniciaron su show con For Dinner…. Tranquilidad antes de la tormenta, oscuridad y headbanging a cámara lenta. Para la segunda, Breadcrumb Trail, aclamadísima por el público -mucha gente en el ATP-. A partir de ahí, la maestría de Pajo se convirtió en nuestro último amor verdadero del festival. Las disonancias y las arritmias creaban esa misma tensión que tantas veces hemos fantaseado en sus dos discos. El mito de Slint revivió en Oporto, suponemos que también en Barcelona, y el rock gana un estandarte vivo.

Victoria total cuando llegaron Don, Aman y, para acabar, una histórica como Good Morning, Captain. Siempre potentes y con el carácter más marcado que se pudo ver en el NOS Primavera Sound, Slint iniciaron la contundente rebelión anti-pop del festival que, a continuación, iba a seguir la dupla infernal y gloriosa que formaron Ty Segall y Cloud Nothings.

 

Ty Segall

Programar al combo Ty Segall y Cloud Nothings seguidos era una prueba de resistencia para cualquiera, un verdadero maratón del que sabías cómo ibas a entrar pero no cómo ibas a salir. Ir a ambos conciertos y sobrevivir debería contar como deporte olímpico. Y hacer la crónica de ambos, teniendo en cuenta el esfuerzo sobrenatural que supone discernir entre pogos y conciertos en sí, podría presentarse como trabajo final de Grado en Periodismo.

Puede que fuera por lo tiquismiquis que deben ser Slint -antes que ellos en el ATP-, pero a Ty Segall no les funcionaba el sonido de ninguna manera. Y fue por eso que su concierto empezó con quince minutos de retraso y se solapó un poquito con Cloud Nothings. No obstante, lo perdonamos.

Una prueba de resistencia para cualquiera.

A la segunda canción nos vinimos arriba y dijimos que allí había que olvidarse de que teníamos huesos y podíamos hacernos daño. ¿Que todavía nos duele todo? Sí, pero valió la pena empezar con dos horazas de locura metiéndonos en el jaleo.

Era previsible que no íbamos a fijarnos demasiado en el setlist, pero se dejaron temazos como My Sunshine y My Girlfriend -esta última por falta de tiempo, suponemos-. Aunque quizá lo que más importaba, musicalmente, era la cualidad de plasmar en directo esa fuerza rock que dan las guitarras enrabietadas y la voz de chulería del sobrado que es Ty.

Después, imaginad un pogo bestial. Ahora, imaginad un pogo bestial de una hora. Sin descanso. Esa fue la experiencia. Tipos volando encima nuestro, empujones que nos desplazaban cuatro metros, flujo constante de personas que al final conocías como si hubieran estado en tu cena de navidad, tipos cayendo, más tipos volando y de repente mirada a la izquierda y el jodido Ty Segall entre la multitud instrumento en mano. Nos lo pasamos teta y nadie nos lo puede quitar. Gran show.

 

Cloud Nothings

Pero es que esperarse ustedes, porque el enlace con aquello era ir corriendo a Cloud Nothings, que se marcaron otro de los grandes bolos de esa carpa que tanto nos ha dado en el NOS Primavera Sound. El torbellino continuaba.

Si bien viniendo desde Ty Segall era como bajar un escalón de potencia, al poderío de los Cloud Nothings sobre el escenario no se le puede criticar. Volvimos a las primeras filas y al locurón que ello suponía. Llegamos para la descarga que es Fall In. Esa batería seca, ese bajo guapo y los riffs duros que tanto se alejan del pop que sí podrían promulgar en formato disco. Menos mal que el directo tienen poco que ver. Y zas, subidón en Wasted Days y final por todo lo alto.

Victoria, Cloud Nothings habían refrendado esa revelación anti-pop que Slint proclamaron horas antes. La noche fue un no venirse abajo constante y estos tíos reinaron, aunque no nos pudiéramos meter tanto en ellos como en Ty Segall. Se cuelan en nuestros “momentos para recordar”.

 

Pional

La sesión del festival, tal y como se esperaba desde un principio. Confirmando las apuestas y ante un público que lo quería todo menos el final del festival, a Pional, que lucía camiseta de Young Turks, solo le quedaba encender la maquinaria y poner a bailar a la multitud. Pinchó, entre muchos, a su colega Talabot, a gente del rollo y también material del festival como los dioses Jagwar Ma. Nos valió.

Iba a ser una hora y cuarto de sesión pero -¡¡¡gracias a la madre de toda la electrónica!!!- acabaron siendo tres. Como lo oís. A las seis dijo “venga va, chapo ya que va siendo hora”. Pero desde atrás le debieron convencer que se quedara un rato y a las siete aún estábamos allí en plan “mamá, cinco minutos más”. Ya nos haremos mayores, de momento aún pensamos que el mañaneo da la vida.

Pero por desgracia nos acabaron echando del festival. A ver, sabíamos que iba a pasar de un momento a otro, lo teníamos asimilado y sabíamos que la cerveza que habíamos comprado quince minutos antes era probablemente la última. El sol ya estaba bastante arriba en el este. El domingo había empezado hace rato y desde la carpa Pitchfork se notaba. Muchos buenos recuerdos estaban a punto de quedar atrás en uno de los festivales más cómodos a los que hemos podido asistir jamás. Como dijimos el otro día, entorno envidiable en ciudad envidiable. Si queréis probar algo puramente “Primavera” pero diferente a lo que entendéis por “Primavera”, no dudéis en hacer las maletas y viajar a Portugal en 2015. Até já Porto!

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