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Crónica FIB 2014

Crónica FIB 2014
Texto: J. Mars.- Fotos: FIB.-

Público en el FIB 2014

El FIB vuelve a demostrar su enorme potencial con la comodidad, el ambiente y el sonido como grandes fuertes.

Que sí, que todos estamos hartos de escuchar esa mantra cuasi-generalizada de que el fib ya no es lo que era, que está todo lleno de guiris que lanzan vasos de bebida al cielo, que el cartel ha dejado de arriesgar o que vete a saber tú. La realidad puede que esté cerca de esa opinión, pero eso no significa que el festival siga siendo, muy por encima de cualquier otro, El Festival. A priori uno duda del potencial del Fib: Una programación a simple vista poco atractiva o el hecho de encontrar demasiados grupos ajenos a nuestros gustos se suman a la turba quejica que inunda las redes sociales y que potencia esa sensación. En este año concreto, habría que sumar un nuevo factor: la falta total de comunicación y organización hasta bien entrada la primavera. Pero luego, cada año, al volver de Benicàssim tenemos esa sensación de haber vivido un festival más que haber ido a un festival.

El fib es el festival con mejor ambiente, y esto es una cosa muy a destacar

El festival volvió a dar esas cosas que uno sólo encuentra en el Fib. El fib es el festival grande más cómodo de todos los que se han pisado. La magia del fib no está sólo en lo intangible y el recinto juega un gran papel en ello. Es grande pero recogido, de fácil intercambio entre escenarios, con un gran número de barras y baños. Esta excelente logística se vería reforzada con el escaso aforo – 30.000 personas diarías, según la organización – que dotarían de amplitud en prácticamente la totalidad de los conciertos. Cero agobio. También es el festival con mejor ambiente, y esto es una cosa muy a destacar ya que no es una cosa que se entienda generalizada. ¿hay muchos guiris? Sí, ¿y qué?. Gracias a ellos, y a los españoles que se mimetizan con ellos podemos decir bien alto que sólo en el FIB un concierto de Klaxons puede convertirse en una bomba de relojería apunto de explotar. Sólo en el FIB un concierto de unos planos y neutrales Razorlight puede convertirse en algo épico. Es el vibe del fib.

El tercer gran punto a tener en cuenta del festival es el sonido. El sonido del fib es potente y fuerte, siempre a gran volumen. Quizás sea por su condición de festival alejado de una urbe pero deja a la altura del betún a prácticamente la totalidad de los grandes festivales de España. Desafortunadamente esto no siempre es así, no sabemos qué pasó en el concierto de Manic Street Preachers, pero sonó bajo desde cualquier punto de un abarrotado Escenario Trident. También hubo otros contados fallos con el monitor de Cat Power, que no se oía, o en el micro peleón del cantante de Blank Realm. Anecdótico teniendo en cuenta lo que deslucen algunos conciertos en otros festivales por este aspecto.

Los aspectos a mejorar son pocos pero graves y seguramente inamovibles. Dejando de lado la selección musical el principal contra del FIB son los precios. Que una botellita de agua, un vaso con 3 cubitos y un golpe de fanta o una caña de 20 centilitros cuesten 3 euros debería considerarse usura. Entendemos lo de la subida del IVA pero es que probablemente sea el festival con las barras más caras de Europa, con permiso del Primavera Sound de Barcelona. También son excesivos los precios del merchandising, la comida – un kebab 6 euros, un trozo de pizza 5 euros, un puñado de patatas 4 euros, un mini-bocata de criollo 6 euros-, o los viajes ¿de verdad cuesta 50 euros un abono de bus de 4 días entre Oropesa/Grau y Benicàssim?

Otra cosa a tener en cuenta es lo de los horarios, está muy bien que hayan vuelto a regalarlos en la app y en la web semanas antes, lo celebramos, pero si estás cobrando 5 euros por un programa de mano no puedes luego empezar a mover artistas de hora y día. No sin al menos avisarlo por cartelería y pantallas y no sólo en el puesto de información.

 

James en el FIB 2014

Foto: Pau Bellido / FIB

Guiños nostálgicos y artistas consolidados

El primer gran reclamo de la programación era el concierto de James, con un calor y bochorno extraordinario incluso para el horario, las 8 de la tarde, la formación de Manchester hizo que el primer contacto con el FIB fuera con una multitud que elevaba la media habitual del festival, canas, entradas y arrugas contrastaban con los jóvenes curiosos que buscaban un arsenal de himnos generacionales, que llegaron y se vivieron como hace 20 años. Un cierre espectacular con Sometimes, Laid y Sit Down hizo las delicias de todos ellos, historia viva del FIB.

Con un cambio de horario que afectó a toda la programación del Maravillas en viernes, le tocó horario temprano a Razorlight, aunque menos calor que en el día anterior. Como ya se ha puntualizado, sólo en el FIB una formación tan neutra y plana podría dar un concierto tan épico. El público, lleno de chicas subidas en espaldas, no dejó de corear cada uno de los temas de la banda, que aquí sonaban como hits.

Paul Weller trajo de nuevo el desastre, si en 2009 dio paso al famoso huracán, en 2014 la cosa fue de tormenta. Algún trueno, algún rayo y alguna gotita durante su concierto, donde modfather volvió a lucir voz y talento. La lluvia llegó a su máximo explendor en mitad del concierto de Of Montreal convirtiendo el ya de por sí excelente directo en una epopeya de gozo a recordar para siempre. Los bailes bajo la intensa lluvia se volvieron culto psicodélico entre pelos mojados, camisetas al aire y un repertorio tan directo como magnífico arropado abajo y arriba por Tycho y Tame Impala. Probablemente el mejor concierto del FIB 2014.

Más nostalgia con Manics Street Preachers, que llenarían hasta el final, como pocos, el Escenario Trident en un show de una hora que se antojó más fácil de encajar en el Maravillas. No sólo por la gran afluencia de público, ni por encontrar allí a Katy B en un horario similar, sino por el fallido volumen que nos encontramos. El Trident se quedó pequeño. Aun así fue muy disfrutable, el público respondió como en un cabeza de cartel de, eso sí, repertorio excelente.

Travis (Pau Bellido)

Foto: Pau Bellido / FIB

La gran apuesta indie del sábado era el concierto de Cat Power. Un retraso de casi 20 minutos respecto a lo inicialmente programado hizo que el solape con The Libertines provocara un abandono sistemáticodel escenario. No obstante Chan cantó de lujo, su voz sonó como nunca había sonado y su locura no molestó esta vez a la fluidez de su espectáculo. Versión de Angelitos Negros, como no, en un catálogo quizás demasiado poco directo para un concierto estas características. Un error de monitor cabreó un poco a la norteamericana, pero luego repartió flores y amor a todo el público que se resistía a que terminara para dar paso a la peor propuesta del festival: Example.

The Presidents of United States of America también pegaron fuerte. Un público bastante numeroso para su horario y propuesta recibió con muchas ganas las cuerdas de este grupo, que, para variar, también despegaron con una excelente selección de temas. Destacaron en sus hits – como en Lump y Peaches – y estallaron en la versión del Video Killed the Radio Star, que los PUSA ya colaron en la banda sonora de El Chico Ideal de Adam Sandler y Drew Barrymore.

Los grandes triunfadores del día fueron sin embargo Travis. Ver a un irreconocible Fran Healy con una prominente barba gris fue la primera dosis de magia, una magia que continuó con una excelente interpretación de sus canciones más míticas. Una hora de emoción y sonrisa en cada cara provocada por una selección perfecta de canciones que llegó al orgasmo con el combo de Closer y Sing del tirón o en la guinda final: Why Does It Alwasys Rain On me?. Los auténticos cabezas de cartel del domingo.

También potente fue el concierto de The Charlatans, que, al igual que los Manics, llenaron el Escenario Trident. Cabe destacar que la banda encabezó el cartel del primer año, en 1995, y quizás por eso en este concierto se acercaron más a su sonido madchester que a sus últimos lanzamientos. Muchos lo agradecimos.

Se echaron de menos, eso sí, más propuestas nacionales en este campo nostálgico, limitado esta vez a Automatics, única formación española con más de una década de trayectoria del cartel, que tristemente nos perdimos tras ser aplazados por la lluvia. ¿De verdad no se tiró todo a por Los Planetas? Con todo lo que reunió de Subterfuge el Día de la Música ¿no podrían haber buscado algo más? Aun así quedó un buen elenco para este segmento de público y se notó en la presencia más que notable de extranjeros y nacionales de cierta edad e incluso familias enteras. Un gran acierto.

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