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Crónica Low Festival 2014

Crónica Low Festival 2014
Texto: J. Mars.- Fotos: Low Festival.-

Massive Attack en el Low Festival 2014

Massive Attack destaca entre grandes números musicales como propuesta estrella de un Low Festival crecido

Empezaríamos la crónica del Low Festival 2014 con el live de BFlecha, la sesión de Ewan Pearson o cualquiera de los artistas dentro de la arriesgada programación del escenario Red Bull Music Academy, pero desgraciadamente la organización del festival no permitía el acceso a ciertas zonas VIP con nuestro pase. Éste fue uno de los problemas que encontramos en un crecido Low Festival, que por primera vez abarcaba casi una decena de escenarios. Dos de los escenarios eran exclusivos para los compradores de las entradas VIP, otro era una pantalla de cine y otro, el Escenario JägerMusic ClubShots, repleto de pinchas nacionales de todo orden, tenía como función alternativa fastidiar por completo el sonido de los dos escenarios principales – Budweiser y Matusalem -.

Ésta fue una queja generalizada, no sólo por el público, sino por los artistas. Fue el caso de Max Bloom, nuevo líder de la agrupación británica Yuck, que recientemente estrenaba formación tras la salida del característico Manuel Schupak. Fue un concierto por norma correcto, basado en los celebradísimos hits de su primer trabajo y los no tan celebrados temas de su segundo. Un público bastante más entregado de lo esperado a esas horas – a pleno sol de la Costa Blanca- coreó y movió la cabeza al ritmo de los riffs y distorsiones. Aunque musicalmente eran idénticos a su anterior etapa lo cierto es que sin Schupak el escenario se queda vacío, los Yuck sin él son una banda más de pop shoegaze y han perdido un bastión de su identidad.

The Horrors habían anunciado la cancelación de gran parte de su gira días antes del Low Festival, por lo que llegamos a Benidorm con la mosca en la oreja sobre su concierto. Finalmente la banda respetó su programación hasta otoño y por tanto pudimos disfrutar de su espectáculo. Programados en un horario demasiado temprano para su propuesta, llegaron con sus usuales ropas y camisetas negras para traernos el momento más luminoso de su carrera. De menos a más fueron desgarrando su repertorio ante un público lento y parado que inexplicablemente no terminaba de conectar con la música. Sólo en las primeras filas se veía gente entregada, disfrutando de uno de los mejores nombres de todo el cartel. Un apoteósico y atronador final nos recordó que el sonido del Low sí puede ser sobresaliente.

Hemos hablado siempre de las movidas de algunos festivales para buscar un mayor gasto del cliente. Casos como el DCODE o el SOS 4.8 donde, pese a que todas las ventas de barra costaban un número impar de tokens, se obligaba a comprarlos en números par. En el Low Festival esta canallada llegó al límite cambiando la imposición de múltiples de 2 a la de múltiples de 5. Un festival, caracterizado y alabado por cuidar por encima de todo el confort experiencia del festivalero se convertía así en una máquina de exprimir carteras en múltiples de 12,50€. Dudamos realmente de la eficacia de este método y no encontramos ni un sólo motivo para hacerlo más allá de un intento -seguramente fallido- por sacar más dinero de sus fieles clientes. Eso sí, el festival remarcaba en un enorme cartel que devolverían los tokens sobrantes a partir de cierta hora de la madrugada. Esperemos que en futuras ediciones se replanteen estas prácticas, es una pena manchar la imagen de cercanía por esto, nos recordó a los primeros festivales que restringieron el acceso a los horarios para venderlos a 6 euros dentro del recinto.

El público del Low goza más de los nombres autóctonos que de los importados

Una vez asumido el desembolso, rodeamos el camino para llegar a Corizonas, que demostraban una vez más que son una de las propuestas nacionales más eficaces en el directo y que, tras lo de The Horrros, el público del Low Festival goza más de los nombres autóctonos que de los importados. Fue aquí cuando nos enteramos que el final de Corizonas no se solaparía con el principio de Massive Attack, ya que estos últimos habían decidido, y se les otorgaba por méritos propios, que ningún escenario estuviera activo en su horario. No queremos buscar culpables pero huele a un pequeño escenario patrocinado por un licor alemán. Esto no sólo movió los horarios del Escenario principal sino también de todos los demás, destacando un retraso de todo el Escenario Wikio -dedicado a las nuevas promesas- donde se había programado un largo set de la formación sevillana Pájaro.

Y llegó el gran momento del día, Massive Attack nos daría una de las mayores experiencias musicales del año. Retrasados unos minutos por tocar solos, empezaron su espectáculo proyectando tras ellos un buen puñado de logos de multinacionales haciendo hincapié en las españolas. La imagen de Repsol, Telefónica, Telecinco o Banco Santander acompañaba las primeras notas de Robert del Naja y Grant Marshall acompañados de su habitual trío de vocalistas, otorgando un toque social, muy británico, a su excelente repertorio musical.

Los visuales se llenaron de recuerdos a Bush, Tony Blair y la guerra de Irak, proclamas más actuales sobre Israel o simplemente críticas, en español, al consumismo radical. Y la música llegó al orgasmo cuando, tras 7 canciones – celebradísima Paradise Circus- de absoluto asombro y lectura política, llegaron dos de sus hits, altamente ovacionados: Teardrop y Angel. La guinda la pondría una mágica y magnífica interpretación de Unfinished Sympathy, acompañada de un ruido que conseguía transportar. El Escenario Budweiser sonó bien esta vez.

El otro plato fuerte de la jornada era Editors, que ya se conocen el sureste ibérico como la palma de su mano. Volvieron a funcionar como ya nos tienen acostumbrados gracias a la espectacular voz de Tom Smith y un tan eficaz como casi inamovible repertorio, que salvo contadas ocasiones recordó a su concierto en el mismo festival en 2010 o en posteriores apariciones por la zona, que fue desde Munich a la alargada Papillon. Ya convertidas en himnos.

Cerraríamos la noche con , el toque más arriesgado y actual del festival. La diva danesa de 25 años dio todo de sí con sus rapeos, bailes y perreos, consiguiendo con ello poner del revés el Escenario Matusalem y haciendo bailar y gritar a extraños y conocidos, hasta con un crowdsurfing que más de uno y más de una aprovechó. Muy alabado fue el momento en que llegó su famosa versión del Say You’ll Be There de Spice Girls. Una estrella.

El Low Festival cerró su programación con un total de 75.000 visitas entre todos los días de conciertos, con un Sold Out de 25.000 personas en la jornada del sábado y 23.000 en viernes y domingo. Una notable y equilibrada selección musical se vio altamente valorada, hasta el punto de ser “el mejor cartel del año” para muchos, gracias a la excelente política de comunicación del festival en redes sociales, medios y publicidad. Una buena imagen que quizás contribuyó a que un gran número de patrocinadores y marcas ocuparan el césped del recinto. El Low es un evento con mucho potencial, atrevido en su tecnología y conservador en su propuesta, donde sólo fallan ciertas políticas económicas anteriormente mencionadas y de fácil solución. Si vuelven a cuidar a su público y aprovechan bien la energía seguirán creciendo, esperamos que esta vez sin perjudicar lo anteriormente conseguido.

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