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Deers y el exilio

Deers y el exilio

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Qué se mueve: Deers

 

Deers son ambiciosas. Madrileñas, aunque no lo parezca. Y jóvenes, muy jóvenes. Su plan es comerse el mundo paseándose lo mínimo posible por España. Porque ir directas al SXSW o al Mexefest mola más. Su segundo EP, BARN, que vio la luz el 2 de noviembre, confirma que estas muchachas suenan genuinas y carecen de vergüenza.

Mientras en el territorio español vivimos en guerra constante contra las tres o cuatro bandas indie odiadas casi por religión, nos lanzamos a degüello a por el primer resquicio que presente tal o cual banda emergente y el underground nacional permanece con demasiado respeto en la puerta de toriles para ser el siguiente, hay unas tías que se están riendo de todo eso. En vuestras caras (y en la nuestra).

Deers están haciendo lo que el resto del país en otros sectores. Lo hemos conseguido, emigrar ya es la mejor opción para tocar cuatro acordes y no ser lapidado por ello. Visto el panorama nacional del párrafo de arriba, propio de una tira apocalíptica de 13 Rue del Percebe, Deers se la han pirado y ni nos hemos enterado.

Lo suyo podría ser un simple Erasmus, pero de momento lo están aprovechando. Tan solo con el desparpajo y la caradura que desprenden sus temas ya se intuye que saben colarse en los sitios con la ingenua aprobación de los presentes. Son las Francisco Nicolás del pop. Sólo así se podría entender que sus próximos bolos sean en Londres, Utrecht, Leeds o Manchester. A saber cuáles son sus contactos, en este blog ni los olemos. Pero seguro que los tienen. Porque tienen cuatro canciones en dos epés y a esas alturas lo normal es que el grupete de veinteañeros de turno padezca por desplazarse en coche hasta la sala de mierda donde toca por dos perras.

Vamos a la música. DEMO fue su primera aproximación, y sus dos canciones encandilaban hasta al menos pagafantas. Esto acaeció há unos meses. Pero es que hace dos días (el 2 de noviembre) lanzan BARN, con el mismo espíritu irreverente, el descaro en las letras y construcciones que por repetidas en la historia del pop no dejan de ser entretenidas. Ligera actitud punk en banda pop. Es lo que pasaría si las protas de Springbreakers cogieran instrumentos ­-si fuera así, demandamos un cover de las Spice Girls para el próximo EP­-.

Las produce Diego García de los Parrots, dándoles ese rollo lo­fi a medio camino entre The Moldy Peaches y Bleached. Eso sí, a grabar BARN se han ido a Berlín.

Las portadas. Mirad sus portadas. ¡Son más españolas que la tortilla! Si escucháis la música y no tenéis ni idea, libres de prejuicios, dudaríais entre si esas tías son americanas o inglesas. Pero no, mirad las fotos. Son madrileñas de la generación Tuenti, de las que más que en “garaje” tocaban en “cochera”, y están organizándose muy bien no sólo su presente sino su futuro. Porque cuando te confirman para el SXSW o te ficha el Vodafone Mexefest de Lisboa, su próximo gran reto el próximo 28 de noviembre, es un aviso para que el resto de los festis te tenga en cuenta. Llegar a esos carteles, que siempre tienen fama de vocación descubridora, son una posibilidad para multiplicar por mil el rango de encandilamiento.

Y todo eso por huir de los lobos que habitan en los blogs españoles. Porque… ¿Qué tiene de malo hacer lo que hacen ¿Tanta necesidad de sangre tenemos para autodestruir un productopatrio antes de que se presenten en sociedad? ¿Somos peores que el ministro Wert? Hay maneras más inteligentes de buscarse la vida que suicidarse, y Deers tienen claro su camino. Y no quieren ir con nosotros, al menos por ahora. De Erasmus se vive mejor. Buena suerte desde aquí.

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