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Crónica Festival de les Arts 2016

Crónica Festival de les Arts 2016

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Festival de les Arts (José Bravo)

Festival de les Arts. Foto: José Bravo / Festival de les Arts

Muchos no daban un duro por el Festival de Les Arts cuando se anunció su primera edición. Es más, algunos incluso apostábamos por que el que iba a tener éxito era el MBC Fest del Puerto de Sagunto, que nacía al mismo tiempo. A día de hoy, el segundo está cancelado de manera definitiva y Les Arts ha llenado por segundo año consecutivo la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia. La organización asegura que incluso se ha superado la cifra de público prevista: por el recinto han pasado 40.000 personas.

La cita valenciana ha repetido la fórmula de aunar artistas nacionales que arrastran a la masa y grupos internacionales que, generalmente, tienen uno o dos temazos y ruedan con ellos desde 2005. Al primer grupo pertenecían Carlos Sadness, Love of Lesbian o Izal. Al segundo, The Fratellis, We Are Scientists o The Dandy Warhols. Qué podemos decir, disfrutamos a los de Portland, por aquellos maravillosos años y aunque les hayamos podido ver en varias ocasiones.

El Festival de Les Arts se ha consolidado como la apuesta ganadora que le faltaba a la ciudad de Valencia

Lo cierto es que el festival tiene un entorno único para triunfar. Con un recinto perfectamente preparado para Instagram y Snapchat y cierto cuidado en el componente lúdico más allá de los conciertos, el Festival de Les Arts se ha consolidado como la apuesta ganadora que le faltaba a la ciudad de Valencia. A pesar de contar con un cartel reciclado de Arenales pasados.

Una vez comentado esto, hay dos menciones especiales que reseñar. Una es para The Drums. Los pobres se cruzaron el Atlántico a propósito para tocar en el festival y volverse justo después a Estados Unidos, según aseguraron ellos mismos. Cuál debió ser su cara cuando comprobaron que Izal desbordaban el escenario principal y enloquecían a todo el público mientras que después, ellos, en el slot de cabezas de cartel, apenas conseguían llenar hasta la torre de sonido. Y con un sonido pésimo. A pesar de todo ello, se desempeñaron de manera muy profesional y consiguieron poner a bailar a los pocos incondicionales que acudieron. Sus hits se encadenaron en la parte final y un bonito Down By The Water cerró la velada. Tras su inicio fulgurante y una rápida desaparición del mapa, nos quedó la sensación de que a The Drums aún se les puede esperar. Hay esperanza.

Manel

Manel. Foto: Nerea Coll / Festival de les Arts

Manel, incapaces de sacarle todo el jugo a sus canciones en directo

La otra matrícula de honor de Les Arts fue conseguir montar el escenario más divertido que recordamos en un festival: el Escenario Kaiku, situado frente al Ágora, tercero en importancia y donde actuaron bandas nacionales durante viernes y sábado. Que mame el Pyramid Stage al lado de la piscina improvisada en la que se convirtió aquello. El clímax llegó con Bearoid, una auténtica bacanal al más puro estilo Valencia en la que se creó una magia especial entre artista y público. Pero, sin duda, lo mejor era asistir a los tortazos que se daba la gente contra el agua en su camino hacia el escenario mientras la grada reía y esperaba el siguiente hostión como si de Humor Amarillo se tratase. Nadie quería que acabase nunca. Bueno, a excepción del chico que se cortó el pie con un vidrio que había en el agua y se tuvo que marchar a un centro de salud. Nota para el festival de cara el próximo año: adecuar el brutal escenario-lago sin peligro para la integridad física.

En cuanto al resto, Manel se volvieron a quedar en la cuarta marcha en una de las primeras paradas de la gira de su fantástico álbum “Jo Competeixo”. Por algún motivo, los catalanes son incapaces de sacarle todo el jugo a sus canciones, perfectas, en directo.

También pudimos ver a unos divertidos The Strypes resurgir a lomos de su segundo trabajo y gracias a una metamorfosis continua en su música. Poco a poco, los irlandeses abandonan el rock de los años 50 para instalarse en el sonido de ese segundo disco que los Arctic Monkeys presentaron en el mismo recinto valenciano en el MTV Winter de 2010. Es un cumplido, ojo. Quizá el ambiente hubiera sido más propicio para The Strypes en el FIB.

Del FIB precisamente recordábamos a Slow Magic, que cerró el festival con una sesión que también reunió a gran cantidad de público y supo condensar lo mejor de él y la vertiente rave que pedía el momento. Una lástima lo de tener que cerrar a las tres de la mañana, aunque entendible por la zona abierta en la que se ubica el festival. Por el contrario, empezar a las tres de la tarde perjudicó tanto a artistas como a público. Los 30 grados de Valencia en junio no acompañan al disfrute de ninguno de ellos. Por culpa de ello, nos quedamos con las ganas de ver propuestas interesantes como la de Ayoho, Belize o Tardor.

La tercera edición de Les Arts deberá solucionar esos y otros problemas en el futuro. De momento, los pasos están siendo acertados a la hora de confeccionar un festival asumible y entretenido que responde a una demanda existente en la capital del Turia. Lo supieron ver y fueron serios. Otros que se las prometieron felices, no.

Escenario Kaiku (José Bravo)

Escenario Kaiku. Foto: José Bravo / Festival de les Arts

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