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Las claves del FIB de la reválida

Las claves del FIB de la reválida
Festival de Benicàssim (Pau Bellido)

Festival de Benicàssim. Foto: Pau Bellido / Festival de les Arts

La inminente edición del Festival de Benicàssim viene a revalidar su apuesta por la diversión para cumplir la promesa de su nuevo director: volver a ser uno de los eventos más importantes del calendario festivalero.

Más esfuerzo en los grandes reclamos, considerable postura en la cuota electrónica y un claro regusto millenial son las bases de su mejor cartel desde el abandono de los Morán

Aunque el desembarco de la nueva dirección del festival se fraguó en mitad de la crisis de 2014 no fue hasta la pasada edición de 2015 cuando se empezó a ver la huella de su gestión. Salvo algunas decisiones de notable fallo -¿a quién se le ocurrió convertir un escenario en un autobús?-, el FIB 2015 se convirtió en el primero de una nueva era, una nueva era capitaneada por las decisiones y la inversión de Melvin Benn, el hombre detrás de la empresa de festivales más poderosa del mundo. Este primer paso de una nueva etapa se caracterizó por marcar las pautas de forma muy clara de lo que sería el FIB a partir de entonces: guiños claros a la vieja guardia más conservadora, esforzada apuesta por la escena nacional y una evidente postura de fiesta y diversión.

Estos tres guiños se han mantenido en el FIB 2016, convirtiéndose en pilares y reforzándose de forma muy clara sobre el papel de su programación. Probablemente no nos equivoquemos si afirmamos con rotundidad que el cartel de este FIB es el mejor y más completo desde la salida de los Morán. Un cartel para todos los gustos que no sólo sirve para contentar un espectro amplio de público sino que también se ocupa de callar el manido mantra con el que los más críticos con el festival se han recreado: el FIB ya no es un festival sólo para británicos.

La generosa clase alta y la cuota rap

Kendrick Lamar en el FIB

Kendrick Lamar

La generosa apuesta por la clase alta se ha visto reforzada y de forma muy clara con la selección de la cabecera: Muse, incuestionable y todopoderosa banda “vende-abonos”, destaca por encima de todos los nombres del cartel, pero esta vez no se ha acompañado de mediocridades y baratijas, se asocia de Kendrick Lamar, probablemente el mejor nombre para representar los derroteros de la música de los 2010s en general y 2016 en particular. Raro es el medio que no ha colocado su To Pimp a Butterfly (2015, Interescope) en el top 3 de mejores discos del año pasado.

Esta tendencia ha continuado con el resto de cabezas: The Chemical Brothers, guiño al sector tradicionalista y celebración joven con su Born in the Echoes (2015, EMI), Major Lazer como apuesta mainstream de la edición y Disclosure dejando atrás la manía de los últimos años de tirar hacia el EDM más hortera.

Massive Attack es el sexto cabeza de cartel de la edición, en forma de “invitado especial” por exigencias del grupo, que viene a redondear la fértil selección de letra gorda y la más que evidente vuelta hacia ecos de rap. Un giro estético que este año se refuerza con una notable selección: Kendrick Lamar, Massive Attack, Lil Simz, Skepta, Rejjie Snow, Dj Shadow, Young Fathers, Reykjavíkurdætur, 20syl & Mr Medeiros (AlltA), Ryan Hemsworth… Confiamos que esta tendencia se verá reforzada en años posteriores, sobretodo con un segundo gran nombre de hip hop norteamericano, pues quizás se ha echado de menos ver entre todos estos nombres a Tyler the Creator, Action Bronson o Run The Jewels, con gira y fechas europeas en el fin de semana del festival.

Objetivo: Alegría y pachanga

La diversión, de hecho, ha sido probablemente una de las condiciones que se ha puesto el equipo de Booking para configurar el cartel y elegir a los grupos y su hueco en la programación. Hace unos días los compañeros de Jenesaispop defendían esta característica en su previa contrastando con la cuota de grupos más en la onda erudita de Pitchfork: “la organización insiste en cubrir esa cuota más intelectualizada, para mi gusto, con estos calores, innecesaria”. Quizás no sea una opinión que defendamos, hay tiempo para todo -más cuando hablan de los divertidísimos Dan Deacon y Mac DeMarco-, pero sin duda la jarana es una característica bastante importante para el éxito de este cartel. Mover el esqueleto, gritar, saltar y socializar se ha convertido en una preferencia de los fibers y un tremendo atractivo para los que buscan además unas vacaciones.

Una cabecera con The Chemical Brothers, Disclosure o Major Lazer favorece también la idea de la fiesta y el irrebatible potenciamiento de la electrónica en el festival desde los cimientos al tejado. Si en 2011 terminaban definitivamente por eliminar el cupo de electrónica alternativa que copaba el late night del tercer escenario y se empezaba a apostar por nombres más gordos y a la vez horteras, para la inminente edición se ha aprovechado ese espacio con una apuesta grande pero ingeniosa a base de nombres de gran calado y prestigio como Mr Oizo, Soulwax, Breakbot, Dj Shadow… Y sobre todo el caso de Jamie XX, sin duda uno de los artistas del momento.

Este impulso se completa con la ampliación del cambio más celebrado del pasado año: el South Beach, que, para 2016, pasa de ser una esquina del recinto con deejays a una enorme zona dentro de éste que contiene dos escenarios dedicados casi en su totalidad a los ritmos sintéticos, uno de ellos con una programación destacada a manos de gente tan talentosa como John Talabot, Snakehips, Delorean, Rejjie Snow, Dan Deacon, Kid Simius, Lil Simz o The Magician. Si alguien se aburre aquí se ha equivocado de festival.

 

Zona South Beach

Zona South Beach. Foto: FIB

 

Diferenciación generacional

Leíamos en Vogue que el cartel del FIB “se trata de un cartel de nuestro tiempo, hecho y pensado para millennials“. Quizás es una afirmación un pelín osada encontrando a grupos como Echo and The Bunnymen, La Habitación Roja, The Chemical Brothers o The Coral, pero no lo es teniendo en cuenta que estos cuatro son de los pocos artistas que encontramos en los más de cien alias del cartel alejados de ese apelativo generacional.

Los 22 años de Little Simz, los 20 de Rat Boy o los 19 de Amber de Hinds son solo algunos ejemplos de la diferenciación generacional que supone el FIB desde su oferta artística y también de su público. Si el antiguo FIB de los dosmiles, añorado por puretas, hacía hincapié en las reuniones y vueltas de grupos como Dinosaur Jr., My Bloody Valentine, Pixies, The Wedding Present o Spiritualized, esa característica en 2016 ha quedado para el resto de grandes festivales que suponen competencia.

Kero Kero Bonito en el FIB

Kero Kero Bonito.

El FIB ha querido desmarcarse de la tendencia que creó y lo ha hecho de forma excepcional, orientando su target hacia el público joven, apostando por la tendencia y futuro que reina en ese público y sin rechazar la calidad y gracia que debería obligarse a todo evento cultural.

La diferenciación no es sólo generacional de edad, sino de idea y riesgo. No es fácil encontrar en un festival como el FIB a un grupo de raperas islandesas feministas como Reykjavíkurdætur, o apostar por el grupo nerdie Kero Kero Bonito, que mezcla el J-Pop con el Dancehall. Igual es más evidente pero no menos atrevido hacerlo por Tijuana Panthers, Fidlar, Three Trapped Tigers, Teleman o la magnífica propuesta mediterránea de Alberto Montero.

La otra noticia en la logística del festival es un renovado Fib Club, que se vuelve a convertir en carpa esta vez bajo la marca de Razzmatazz y Ochymedio. El Fib Club de 2016 es otra muestra de la apuesta por la juventud y modernidad del FIB. En este caso prácticamente centrada en grupos españoles -también consagrados-.
Es bastante curioso que el festival más internacional de todos los que se celebran dentro de las fronteras españoles sea el que más y mejor apuesta por las promesas nacionales. Aries, Exnovios, Solo Astra, Doble Pletina, Baywaves, Lois, Soledad Vélez, Le Parody, Cosmen Adelaida o Juventud Juché son sólo algunos de los nombres con los que se juega. Todo un orgullo patriótico que compagina a artistas de proyección internacional como Hinds, Kid Simius o Delorean y una programación nacional más obvia -Neuman, Anni B, Sweet, Chucho, Hidrogenesse- pero sin caer en la reincidencia más pesada de los grupos masivos de festival indie.

Nos vemos en Benicàssim. Otra vez.

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